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Artículos | Palabra Expuesta

Soy perfecto y tú no!

viernes, junio 11, 2021
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Artículo | Soy perfecto y tú no!
Pastor Héctor Rico
Pastor Héctor Rico
Pastor Asociado a cargo del Departamento de Comunicaciones

Unos de los pecados del hombre es exigir perfección a los demás cuando nosotros no los somos en lo absoluto. Si vivimos en esta vida queriendo alcanzar esa perfección en todos los ámbitos de nuestra vida, entonces tendremos vidas frustradas y amargadas porque tal cosa es imposible alcanzar.

Unos de los problemas más grandes que enfrentamos en los hogares, es el querer ver ese perfeccionismo en la esposa y en los hijos, exigimos tal comportamiento que nos olvidamos que son pecadores como lo somos nosotros; eso produce muchas heridas en la familia, pues no lograran alcanzar los estándares exigidos, y los estamos llevando a una especie de idolatría hacia el que se cree “perfecto” puesto que él “supuestamente” no se equivocaría en alcanzar esos mismos estándares. Este es un problema de orgullo en la que vive esta persona, exigiendo perfección cuando él no lo será nunca.

Es por eso que Señor siendo Él único perfecto en todo, inspiro a Juan a escribir “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos(1 Juan 1:8). Esto es la realidad, el viejo hombre con sus pasiones quiere siempre tomar lugar en nuestras vidas haciéndonos creer que no pecamos de esa manera, cuando exigimos a otra perfección cuando nosotros no lo somos.

En Filipenses 3:12-16 “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús….” En los comentarios de la Biblia de la Reforma de estos textos, en su página 2049; dice “Pablo está enseñando frente a las ideas del perfeccionismo, que todos los creyentes aún no hemos experimentado todos los beneficios de la redención esperando la glorificación en donde por completo removerá el pecado. Por lo tanto, nadie es perfecto solo el Señor, (frase añadida). El apóstol Pablo en estos textos, necesita corregir su manera de pensar mostrándoles que la verdadera “madurez” o “perfección” en esta vida consiste en reconocer que uno está lejos de ser perfecto, ya que la verdadera perfección se mide según la completa perfección de Cristo”.

Pablo afirma que ni él mismo había alcanzado la perfección y según el contexto histórico cuando escribió a los filipenses ya habían pasado treinta años después de su conversión y seguía siendo tan imperfecto como antes; pero que había ido madurando en base a su relación con el Señor. Dejemos de exigir perfección a los demás, veamos nuestro pecado de orgullo y que sea nuestra relación con Dios por medio del evangelio que nos vaya madurando hasta esperar ese día de nuestra glorificación en donde en verdad se manifestara la perfección en la resurrección.


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Pastor Héctor Rico

Pastor Asociado a cargo del Departamento de Comunicaciones