Aconsejar / Enseñar | marzo 20, 2020




¿Qué dice la Biblia que debemos hacer en
tiempos de sufrimiento extremo? Parte II

Pastor Javier Domínguez



El apóstol Pedro, escribiendo a los cristianos que estaban bajo persecución y muerte por parte de los romanos, les manda a que, en tiempos de pruebas extremas, pongan su esperanza en la gracia que en el futuro Dios seguirá teniendo con ellos, la cual Dios prometió como cumplimiento en la Segunda venida de Jesús.


1 Pedro 1:13-16 "Por lo cual, habiendo ceñido los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y tened vuestra esperanza puesta por completo en la gracia que os será traída en la revelación de Jesús el Mesías; (14) como hijos obedientes, no amoldándoos a las antiguas pasiones que teníais cuando estabais en vuestra ignorancia; (15) sino, según el que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir, (16) porque está escrito: Sed santos, porque Yo soy santo".


Lo primero que Dios nos ordena en el versículo 13 es: no perder la esperanza en la gracia soberana de Dios. Así como Él determinó que vivamos esas pruebas, también ha determinado su éxito y consumación para su gloria. Pero ¿qué es lo que continúa diciendo?


LO SEGUNDO QUE TENEMOS QUE HACER EN TIEMPOS DE DURAS PRUEBAS ES: Buscar vivir mostrando nuestra santidad: “Sed santos, porque yo soy santo”. (1 Pedro 1:14-16)


Si hay algo que debemos procurar en medio del quebranto es vivir conforme a lo que, por la gracia de la regeneración somos: hijos santos del Dios santo. Como dice también 1 Tesalonicenses 4:4-7 dice "que cada uno de vosotros sepa cómo tener su propio vaso en santidad y honor; no con pasión de concupiscencia, como los gentiles, que no conocen a Dios, que nadie peque ni agravie a su hermano en este asunto, porque como ya os hemos advertido y testificado solemnemente: el Señor es vengador de todo esto; porque no nos llamó Dios a inmundicia, sino a santificación".


Es común, pero no sensato, que en tiempos de aflicción, disciplina, quebranto o prueba; algunos en su ignorancia, amargura y frustración "tiren la toalla", se den por vencidos, y se entreguen a vivir como lo hacían antes, como una especie de huida emocional, de venganza, de expresar sus frustraciones con amargura; pero precisamente es lo que Dios ordena que no hagamos. De esta manera estaremos agregando pecado y culpa al dolor que ya experimentamos, y por tanto, al ser Dios justo, le estamos obligando con nuestro pecado voluntario a que nos siga disciplinando aún más.


Bajo ningún punto de vista es sensato vivir como nos parezca y hacer lo que nos plazca en tiempos en donde nuestra fe está siendo probada y nuestra santidad perfeccionada. El sentido de la prueba es que salgamos "aprobados" y no reprobados, y la aprobación tiene que ver con la manifestación de lo que somos: hijos santos del Dios Santo. Mateo 5:16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, de forma que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos


En medio de aflicción, angustia, temor, dolor y traición, lo segundo que debemos hacer, después de depositar nuestra esperanza en Jesús, es entender que estamos siendo probados y por lo tanto podemos aprobar o desaprobar. Si queremos salir aprobados debemos obedecer: no matar, no buscar venganza, no quejarnos de Dios y su soberanía, no buscar fornicar o adulterar, no ser como antes, no actuar como impíos, no hacer nada en contra de nosotros mismo o de los demás; en otras palabras: mostrar nuestra santidad.


¿Cuál debe ser nuestra motivación para procurar vivir mostrando la santidad dada por Dios?


No deberían ser ni nuestras autoridades espirituales, ni la regla o el mandamiento en sí mismos, ni siquiera la disciplina presente como para salir pronto de ella. La razón por la que debemos procurar vivir en santidad cada día es que el Dios que nos salvó, amó y que nos dará de su gracia eternamente, es santo; por tanto, nosotros sus hijos lo somos también.


Los cristianos no procuramos vivir en santidad para alcanzarla, sino para que se manifieste lo que ya somos: santos. Así como Dios no actúa en santidad para llegar a ser más Santo, sino porque ya es Santo Eternamente; igual nosotros, no procuramos vivir en santidad para alcanzar mayor santidad, sino para que al fin se manifieste, para Gloria de Dios, lo que por su gracia ya somos: Hijos Santos del Dios Santo.


El problema diario es que los deseos de nuestra carne son tan reales, fuertes e insistentes que sustituyen el deseo del Espíritu. Aunque seamos cristianos nos contaminamos con el pecado que mora en nuestros miembros (Romanos 7) y por tanto, si no hay una obra de "purificación" en nuestra vida, aunque somos santos posicionalmente, en nuestro diario vivir no se mostrará. Por ello, la gracia de la disciplina y el quebranto es importante en nuestra vida para que la vida de Dios, que ya están en nosotros, fluya, nos santifique, testifique a los demás y afecte al mundo que nos rodea: 2 Corintios 7:1 "Así que, amados, teniendo estas promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios".


Por eso no es de extrañar que los apóstoles hablen de purificación cuando nos encontramos en diversas pruebas, ya que esa purificación o "limpieza de asperezas o contaminación" lo que produce es que podamos glorificar a Dios con nuestra vida, menos contaminada y con más pureza de carácter que antes. En otras palabras, lo que Dios busca es perfeccionar la santidad que por medio de la regeneración se nos ha concedido por gracia, ya que a causa de que tenemos carne aún (el viejo hombre o pecado morando en nosotros), no podemos vivir sin contaminación de espíritu en esta tierra; por tanto, necesitamos la disciplina, el perfeccionamiento de nuestra santidad en el temor a Dios. Como dice Galatas 5:16 "Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne"


La santidad no es progresiva en el sentido de que no llegaremos a ser más santos de lo que ya somos posicionalmente. Es progresiva en el sentido en que "progresivamente", en la medida en que vamos madurando, se manifiesta cada día más lo que ya somos por la sangre de Jesús: santos de Dios.


Así que, en tiempos de la primera gran persecución a muerte de los cristianos del primer siglo, así como en tiempos de gran angustia y sufrimiento actual; a través de esta carta, Dios nos manda a que pongamos nuestra esperanza, "por completo”, en su gracia futura; de tal forma que nuestras vidas muestren la santidad que ya poseemos como hijos, para que ese sufrimiento sea para su Gloria y nuestro perfeccionamiento. En tiempos de prueba, la vida no se trata de nosotros, sino que siempre se ha tratado de Dios.






Gracia Sobre Gracia | Pastor Javier Domínguez
Escrito por:

Pastor Javier Domínguez

Pastor General
Iglesia Gracia Sobre Gracia