Aconsejar / Enseñar | febrero 14, 2020




Libres para amar

Pastor Javier Domínguez



Todos nacemos siendo egoístas, buscamos siempre lo nuestro, somos esclavos del pecado, del egoísmo, del amor propio, de la altivez y del orgullo personal. Cuando creemos en Jesús, Dios nos hace nacer de nuevo, entonces somos tan libres del pecado y de toda condenación, tan justificados por la fe, perdonados y redimidos; que ahora podemos gozarnos en Dios, hacer de Jesús nuestro deleite diario y en lugar de exigir que los demás nos satisfagan, podemos satisfacer a los demás porque Dios nos satisface a nosotros.


En Cristo Jesús tenemos la libertad de amar, porque si Dios es nuestro deleite entonces podemos hacer felices a otros. Sin Cristo Jesús nuestro amor es egoísta, amamos porque queremos algo del otro. Por ejemplo, si preguntamos a una pareja que está a punto de casarse ¿Por qué se van a casar? Responderán: “porque quiero ser feliz con esta persona”. En Cristo Jesús hay una motivación mucho más fuerte para amar, no amamos para conseguir algo, o para que nos hagan felices; sino que amamos porque hemos conseguido todo en Cristo Jesús y estamos dispuestos en el espíritu a compartir. Dios lo pone en nuestro corazón. En Cristo Jesús somos libres para amar, buscamos compartir, como lo dice la Biblia en 1 Cor.13:5 “El amor no busca lo suyo”.


El que verdaderamente ha nacido de nuevo no busca lo suyo, sino que busca el bien de los demás y no toma en cuenta el mal. Si hay resentimiento con nuestro cónyuge, es porque nuestro propio pecado nos lleva a eso. No vamos a descartar que hay dolor y daño en una ofensa, pero somos responsables de la acción o decisión que vamos a tomar ante tal dolor. ¿Cuántas personas han matado a su pareja por un arranque de celos y justifican en la traición del otro, la razón por la cual asesinaron? Justificar nuestro pecado ante el dolor de una traición es cobardía. Debemos entender que, si nosotros estamos resentidos, odiamos a alguien, participamos del rencor, no es por lo que la gente ha hecho, no es por el medio en el cual nos movemos; si vivimos resentidos, odiando y con falta de perdón es por el pecado que mora en nosotros, de lo cual Cristo nos hace libres para amar a los demás.


Si alguien no ama a su esposa, esposo, hijos o padres es por su propio pecado. La Biblia dice que el que no ama es porque no conoce a Dios. Si el amor por nuestra pareja se ha enfriado tengamos por seguro que el amor de Dios en nosotros también. Nuestro conocimiento acerca de Dios se ha enfriado y por lo tanto el amor por nuestra pareja y por todos se ha enfriado.


¿Acaso no es la razón por la cual un hombre y una mujer adulteran? Cuando el amor por Dios se enfría en un hombre o en una mujer, surge el egoísmo y lo único que buscan es satisfacer sus deseos. Por cuanto ya no están satisfechos en Dios, buscan satisfacción en otras personas fuera del hogar. Jesús lo dijo en Marcos 7.20-23.


¿Es correcto decir que el esposo o la esposa adulteran porque el conyugue no los atiende? ¿Es justificable que el esposo adultere porque la esposa no le cose los botones de las camisas? ¿Es justificable que la esposa adultere por que el marido ha adulterado? Entendamos que, si adulteramos, fornicamos o matamos es porque queremos. En Cristo Jesús nadie peca por obligación, lo hacemos por voluntad propia, porque nos gusta el pecado, porque queremos hacerlo. Sin Cristo, no podíamos hacer otra cosa más que pecar, pero en Cristo somos libres para no hacerlo, libres para amar a los demás.


Por ejemplo ¿acaso matamos porque alguien nos robó? ¿Es justificable matar a alguien porque mató a un miembro de nuestra familia? No estamos diciendo que el pecado del otro no es doloroso, no quiere decir que el pecado del otro no deba ser justamente ser castigado o disciplinado; sino que independientemente de si recibimos injusticia en esta vida, los responsables de la respuesta ante esa injusticia somos nosotros, solamente nosotros.


Si matamos es por el pecado que hay en nuestro corazón, si nos gusta engañar, ser lujuriosos, si envidiamos, si nos encanta mentir; los culpables de todo eso no son los demás, no importa lo que nos hayan hecho, los culpables somos nosotros, es el pecado que hay en nuestro corazón, por lo tanto, necesitamos urgentemente la libertad con la que el Hijo nos hace libres.


Debemos comprender que el problema en el matrimonio, la familia, el trabajo, las finanzas, no es su jefe, ni sus hijos, ni su pareja; el problema es nuestro pecado. Si el amor por nuestra pareja se ha enfriado es porque nuestro amor por Dios se ha enfriado, es porque nos hemos vuelto al yugo de la esclavitud del pecado que todavía mora en nosotros. La libertad en Cristo Jesús exige que luchemos cada por mantenernos libres del pecado, para no regresar a la esclavitud.


Haber sido libertados del pecado no significa que el pecado no more en nosotros. Entonces ¿de qué fuimos libres? de la esclavitud y de la condenación que trae el pecar todos los días, pero el pecado todavía está en nuestros miembros, por lo tanto, todos los días nos enfrentamos a vivir, ya sea por la carne que nos lleva a pecar o conforme al espíritu que nos lleva a no pecar. (Obviamente pecamos todos los días, pero aquí estamos hablando de no pecar voluntariamente). La libertad en Cristo que ahora tenemos, exige que luchemos constantemente para no regresar de manera voluntaria al yugo de la esclavitud del pecado. (Leer Gal.5:1 y Gal.5:13).






Gracia Sobre Gracia | Pastor Javier Domínguez
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Pastor Javier Domínguez

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Iglesia Gracia Sobre Gracia