Aconsejar / Enseñar | enero 24, 2020




La Gracia de Dios manifestada en la Torre de Babel

Pastor Javier Domínguez



Históricamente la raza humana ha buscado diversas expresiones para exaltar su gloria e inmortalizar su nombre por sobre el nombre de Dios: imperios, ciudades, monumentos…aún en la actualidad: invenciones, tecnología, arte. Muchas de estas obras y proyectos no son más que la expresión de la independencia de Dios del ser humano. En la Biblia hay un relato histórico que nos ejemplifica este anhelo humano: La torre de Babel.


Una torre con representación de los cielos


(Gen 11:1-9)


Génesis 11:4 ¡Venid! Construyámonos una ciudad y una torre con una representación de los cielos. Y hagámonos un nombre, no sea que seamos esparcidos por la faz de toda la tierra.


Al finalizar el diluvio Dios dio una orden a los descendientes de Noé: multiplicarse, fructificarse y llenar la tierra (Gn 9:1), sin embargo ellos decidieron, en rebelión contra Dios, establecerse en un lugar y no esparcirse; y confiando en su capacidad tecnológica para construir decidieron edificar una ciudad y una torre que fuese representación de los cielos. Toda la humanidad decidió rebelarse contra Dios.


Ellos no solo construyeron una ciudad para vivir fuera de la voluntad de Dios en abierta rebeldía ante Él, sino que idolatrándose a sí mismos buscaron inmortalizar su nombre a través de sus propios logros. Ellos estaban construyendo una ciudad y una torre que fuera la “cabeza o cúspide” del cielo, porque deseaban ser como Dios. Querían trazar su propio destino y desplazar la Gloria de Dios en la tierra para establecer la suya propia.


Nuestra propia Torre de Babel


La Torre de Babel simboliza 3 cosas correspondientes a nosotros mismos y nuestra carne:


1. La aspiración y el orgullo de jactarnos de nuestros propios logros


Los cielos eran considerados en esa época como “la morada de Dios”, por tanto ellos creían poder usurpar el trono de Dios, irrumpir con violencia la morada de Dios. Esto es algo que vemos todos los días en nuestra sociedad y en nosotros mismos: procurar nuestra gloria, cuidar nuestro nombre por encima de el de Dios.


Muchos vivimos socialmente sin confesar públicamente nuestra fe por miedo al rechazo y a perder nuestra reputación. Una vida autónoma separada de Dios, aunque se nos llame cristianos, es una vida de hipocresía que tiene por base la idolatría de nosotros mismos: amamos más la gloria de los hombres que la Gloria de Dios. (Leer Juan 12:43, Juan 5:44, Mateo 23:5-7). Muchos de los proyectos de vida que llevamos a cabo, no los hacemos para que Dios se “vea” sino para “hacernos un nombre”, ser “reconocidos” u obtener un “beneficio”. Hasta el día de hoy, el ser humano sin Cristo busca irrumpir la morada de Dios, para ser su dios mismo.


2. La necedad de apoyarnos en nuestra propia inteligencia


La torre de Babel simboliza la necedad de apoyarnos en nuestra propia inteligencia, astucia, trucos, artimañas. Representa la ciudad de los que se creen sabios en su propia opinión apartándose de la voluntad de Dios. (Prov. 3:5-7)


Al igual que nosotros en nuestro esfuerzo por querer ser sabios y tomar nuestras propias decisiones pasando por alto los mandatos de Dios sobre el propósito y uso de nuestra vida, trabajo, relaciones, finanzas, tiempo y adoración.


3. El sueño de la humanidad: El intento de los hombres de ser prósperos a través de nuestros propios medios


Vivimos a diario con una tentación: buscar por nuestros medios ser felices, prósperos y sanos. Siempre ha sido normal en la humanidad caída buscar la satisfacción o identidad en la tecnología, creatividad, movimientos sociales o políticos; así como en la profesión. La humanidad caída pone su esperanza y felicidad en todas estas cosas antes que en Dios.


El sueño de la humanidad es este: la satisfacción de sus más profundas necesidades a través sus propios medios, separados de Dios.


La respuesta de Dios


Lo que vio Dios en ellos es que eran “un pueblo y todos ellos tienen la misma lengua”. Ellos estaban unidos bajo una meta: desafiar a Dios. No querían hacer Su voluntad expresada en el pacto con Noé, no querían llenar la tierra con el conocimiento de la Gloria de Dios sino con la suya.


También vio Dios su obstinación “este es sólo el principio de su obra, y nada les hará desistir de lo que traman hacer”, por eso confunde sus lenguas, los divide y los dispersa por toda la tierra, para llevarlos a cumplir su mandato original.


La respuesta de Dios a esos constructores de la Torre de Babel es la misma que Dios hoy nos da cuando construimos nuestros reinos personales lejos de su voluntad: destruir esas torres y convertir esos sueños en pesadillas, con el objetivo de exaltar su gloria sobre la de los hombres y cumplir así su voluntad.


El Evangelio de la Gracia en la torre de Babel


El propósito de Dios de confundirlos y dispersarlos era para establecer su Reino en la tierra. Los dispersó en varias tribus, pueblos, lenguas y naciones, para que una vez glorificada la simiente de la mujer prometida a Adán y Eva, la simiente de Abraham (Gen. 12), se cumpla lo prometido por Dios a Abraham: redimir de toda tribu, lengua, pueblo y nación, una familia, nación que le adoren por siempre. (Apoc. 5:9; 13:7; 14:6).


En la historia de la Torre de Babel vemos la gracia de Dios y su plan de salvación desarrollándose en medio de la maldición sobre ellos, porque si fueron esparcidos fue para ser protegidos de sí mismos, de su propio pecado (esto se comprueba en que luego de la narrativa de la torre de Babel, inmediatamente el cap. 11 menciona la genealogía de Sem como progenitor de Abraham, a quién Dios escogería para pactar con él la salvación del remanente entre todos los esparcidos, a través de su simiente); para Dios fue preferible una humanidad dividida que una apostasía colectiva, y eso es gracia aplicada. Los esparcidos no sabían que necesitaban salvación, pero Dios si, por eso los esparció, para luego salvar de ellos a un remanente que serán una sola nación en el cielo (Sofonías 3:9).


El cumplimiento parcial de esta promesa que en Cristo Jesús todas las naciones serían benditas y formar de ellas una sola nación, se efectuó en Pentecostés. Ese acto de Dios es la reversión del juicio mundial en la torre de Babel. Si en Babel Dios dio lenguas para dispersar y confundir, ahora en pentecostés dio lenguas para unir y que todos pudieran comprender: el evangelio de la gracia de nuestro Señor Jesucristo.


El mensaje de Dios para nosotros hoy


Arrepentimiento. Para todos los que hacen diariamente mucho para “hacerse un nombre” por sí mismos, para aquellos cuya meta es ser “grandes” y “admirados” por la sociedad, trabajo, ministerio o iglesia.


Esperanza. Para todos aquellos que viven entre homicidios, robos, traiciones y mentiras, para que sepan que Dios esta no solo está viendo nuestra necesidad o dolor, sino que pronto intervendrá con justicia y gracia en nuestra nación por amor a su pueblo.


Dios está obrando su historia de redención en medio nuestro y somos parte de su obra redentora, por tanto participemos con gozo: nuestra meta es la de Él, “que todos crean en Aquel que Él ha enviado”.



El presente artículo ha sido tomado del sermón Dios destruye los reinos de los hombres para llenar la tierra con su gloria, predicado el domingo 3 de abril de 2016.






Gracia Sobre Gracia | Pastor Javier Domínguez
Escrito por:

Pastor Javier Domínguez

Pastor General
Iglesia Gracia Sobre Gracia