Aconsejar / Enseñar | febrero 8, 2019




¿Has perdido tu pasión por Dios?

Pastor Javier Domínguez


Las decepciones, frustraciones y aflicciones pueden llevar a las personas a tomar decisiones irracionales, y los cristianos no somos la excepción. Muchas veces estas situaciones nos pueden llevar a amargarnos y alejarnos de Dios, aún más, a perder casi por completo nuestra pasión por Él. ¿Qué es lo que puede llevar a un cristiano a perder su pasión por Dios? Y una vez perdida ¿se recupera? A través del Salmo 73 podremos responder estas preguntas.


El Salmo 73 fue escrito por Asaf, levita y uno de los Directores Musicales del Rey David, elegido por Dios para ministrar en el tabernáculo. Así como puede ser tu caso, Asaf era un siervo de Dios que tenía un corazón sincero para con Él, lo amaba, le servía y vivía para Él…pero en un momento de su vida perdió su pasión por Dios, se alejó y cayó en una espiral de pecado. Afortunadamente la historia no acaba ahí. Este salmo nos muestra lo que Asaf aprendió luego de perder y recuperar su pasión por Dios.


¿Cómo ser pierde la pasión por Dios?


Salmos 73:3 Sentí envidia al ver que los arrogantes tenían éxito y los perversos se enriquecían.


Al igual que puede pasarnos a nosotros, Asaf envidió las vidas abundantes de los injustos mientras él, sirviendo a Dios, sufría penalidades cotidianas. Vio que los perversos tenían riquezas, fortuna y poder. Que en la arrogancia de su pecado desafiaban de Dios sin tener juicio ni repercusión alguna. Que todo se les daba fácil y no se esforzaban por sobrevivir, y que además eran admirados y amados por el pueblo. El corazón de Asaf no solo envidió las posesiones, placeres y lujos que ellos tenían, sino el amor y la popularidad de la que gozaban…el pueblo los amaba. Asaf, por su posición como levita y director musical, tenía autoridad, pero no necesariamente la popularidad y el amor de las personas. Ante todo esto, amargamente formuló para sí mismo una pregunta: ¿Qué gano yo con servirle al Señor y apartarme del pecado? O lo que es lo mismo ¿qué provecho tiene vivir para Dios?


Asaf se comparó con los impíos y al hacerlo fue seducido por el mundo (Sal. 73:4-14), por los deseos de los ojos, deseos de la carne y la vanagloria de la vida y por su codicia cayó. Dudó fuertemente de Dios y su fe tambaleó. Asaf anheló este mundo, sus placeres y riquezas porque para él Dios no era suficiente, no estaba satisfecho en Dios.


¿Has envidiado la riqueza, los placeres, la libertad, la fama y el poder que otros tienen? ¿Te has preguntado qué sentido tiene servir, congregarte y ser fiel a Dios si careces de todas esas cosas que tanto deseas? La lucha por nuestra fe es real, y ser tentados por la pasión de amar al mundo y perder nuestra pasión por Dios, también lo es. Si hay algo puede hacer que nos quejemos y dudemos de la bondad, justicia y gracia de Dios, es ver la prosperidad de los injustos.


¿Cómo recuperar la pasión por Dios?


Si has perdido tu pasión por Dios, hay dos cosas que no debes hacer: murmurar, hablar y contaminar a otros hermanos con tus dudas. (Sal 73:15); y buscar explicaciones fuera de Dios, en la ciencia, la sicología, las filosofías o las religiones, etc. (Sal 73:16), solo debes buscar respuestas en el único ser donde podrás encontrarlas: en Dios.


Lo que sí debemos hacer es: buscar intencionalmente a Dios. Sólo cuando fui al templo de Dios, entendí lo que les sucederá a los perversos (Sal 73:17) Al buscar a Dios el salmista comprendió dos cosas: el fin de los perversos que, aunque ahora gocen en la eternidad van a sufrir; y el fin de los confían en Dios, que en el cielo van a gozarse eternamente con Él (Sal 73:18-20). La mejor manera de salir de nuestras dudas es ir corriendo hacia Dios.


Si has perdido tu pasión por Dios ve a Él, a la Biblia, a la cruz. Lee, reflexiona y observa tu vida a la luz de la Palabra, y piensa si Dios ha sido injusto contigo. Él responderá tus dudas y al hacerlo tendrás una perspectiva correcta de la realidad y del destino eterno de los seres humanos. La única manera de recuperar una fe perdida es regresando a Dios a través de Cristo Jesús. Lee la Palabra, deja que Dios te hable, congrégate, alaba a tu Señor, y verás como Dios comienza a recuperar esa pasión que has perdido por Él.


La otra cosa que debes hacer es arrepentirte de haberte amargado contra Dios, de haberte quejado de tus circunstancias, de todo lo que te pasa y te rodea; solo entonces reconocerás la gracia y la bondad de Dios en tu vida, comprenderás que fuera de Dios nada vale y que es un error considerar este mundo y sus placeres como una meta. (Sal 73:21-26).


Al regresar a Dios nuestra mente dejará de estar en este mundo, en las cosas terrenales, y volverá a la perspectiva correcta, a lo eterno; entenderemos que son más grandes las riquezas eternas de Dios, por servirle a Él, que las riquezas temporales de este mundo. Solo al volver a Dios comprenderemos que tener todo en este mundo sin Dios, es no tener nada. Salmos 73:26 Puede que mi mente y mi cuerpo se destruyan, pero tengo a Dios que es la roca que amo; él es todo lo que necesito en mi vida.


¿Cómo ocupar nuestra pasión por Dios?


Una fe recuperada es para proclamar el evangelio, para hacer discípulos. No te avergüences del evangelio, esa es nuestra meta: glorificar a Dios. Sal 73:28 En cambio, yo he permanecido cerca de Dios y eso es bueno para mí. He puesto mi confianza en el Señor DIOS; les contaré a todos lo que has hecho.


Como siervos de Dios, eventualmente nos veremos tentados a comparar nuestra vida, con lo que el mundo nos puede dar, y seremos seducidos por sus placeres; pero es ahí donde debemos considerar el fin eterno de los injustos y el de los que confían en Dios. Esto es lo que hizo Dios con el salmista, lo hizo con Moisés y lo que hará con todos sus hijos. Heb 11:24-26 Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. 25 Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. 26 Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa.


Renunciemos a la fama, el placer, el poder y el dinero, porque el Mesías es mayor riqueza que los bienes temporales y efímeros de este mundo. Cuando dudes, ven a Dios y Él te responderá. Recuerda que nuestra riqueza eterna es Jesucristo, muy por encima de cualquier placer temporal de este mundo. Nuestra lucha no es solamente dejar de pecar, sino obtener un placer mayor que el placer del pecado, y ese es Jesucristo. Cuando estés satisfecho en Cristo, temiéndole, no habrá placer que produzca el pecado que pueda comparase con Él.






Gracia Sobre Gracia | Pastor Javier Domínguez
Escrito por:

Pastor Javier Domínguez

Pastor General
Iglesia Gracia Sobre Gracia