Aconsejar / Enseñar | noviembre 23, 2018




Nuestra responsabilidad como hijos de Dios en medio de una ciudad violenta

Pastor Javier Domínguez


Vivimos en una sociedad violenta, y no me refiero solo a las alarmantes estadísticas de asesinatos, violaciones y extorsiones; me refiero a que la expresión de la sociedad actual es violenta. Hay violencia en las escuelas con el bullyng y el ciberacoso, violencia en el cine, la televisión y los videojuegos; violencia y agresividad al conducir, violencia intrafamiliar, abusos laborales, violencia en las redes sociales ante las opiniones de los demás, violencia en la política manifestada con burla, sarcasmo y propaganda negra, entre muchas otras expresiones sociales.

Nuestra sociedad celebra la violencia, se ha convertido en un ídolo cultural. Los héroes son los fuertes, los que se burlan, los que matan más en una película de acción, los que pelean mejor y someten a los demás. También vemos expresiones de violencia en los grupos y movimientos que exigen como derechos legitimar sus expresiones de lujuria y desenfreno, como los que abogan por la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, por el derecho al aborto, a la legalización de la pedofilia, a la aceptación social y legal de personas “transgénero”, entre otras perversiones a las que actualmente se les llama “derechos humanos”. Todas tienen algo en común: son reclamados como derechos y para hacerlo se hace uso de la violencia.


El origen de la violencia y la respuesta de Dios ante ella


Esta manifestación de la sociedad no es más que la expresión colectiva de la maldad y el pecado en el corazón de los individuos. La maldad genera pasiones, deseos perversos que quieren ser satisfechos, y el medio para satisfacer esos deseos es la violencia. La violencia es el medio, el origen es la maldad. Por ese dice Santiago 4:1-2 ¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre vosotros? ¿No vienen de vuestras pasiones que combaten en vuestros miembros? 2 Codiciáis y no tenéis, por eso cometéis homicidio. Sois envidiosos y no podéis obtener, por eso combatís y hacéis guerra.


Esta expresión de la maldad humana no es algo nuevo, desde que el pecado entró al mundo en el huerto del Edén, una de sus manifestaciones fue la violencia. Por eso a causa de la maldad en el corazón del hombre Dios envió el diluvio, un juicio por la violencia y la maldad en la tierra. (Leer Gén 6:11); pero al mismo tiempo que envió un juicio, Dios mostró su gracia salvando a un remanente. Dios envió el diluvio por gracia, para corregir a la humanidad de su mal camino.


Pero el diluvio no erradicó la maldad, sin embargo, el modelo quedó establecido: Dios mostraría su gracia a través del juicio. Así, en el cumplimiento de los tiempos, a través del juicio sobre el pecado cargado por Jesús, Él murió en la cruz para que nosotros vivamos en Él. Su juicio fue nuestra salvación. Jua 3:17-18 Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El. 18 El que cree en El no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. La cruz es la solución de Dios a la violencia y maldad del hombre. El corazón de piedra es removido y reemplazado por uno de carne.


¿Qué debemos hacer?


Ante esta realidad social como cristianos tenemos una enorme responsabilidad. En primer lugar, no debemos vengarnos o resignarnos, sino que estamos llamados a vencer el mal con el bien. En lugar de querer lidiar con nuestro dolor propio, como es el caso de la venganza o la resignación, debemos lidiar con la maldad en nuestra ciudad. Rom 12:21 No seas vencido por el mal, sino vence con el bien el mal. El enfoque no está en pagar al que nos hace mal, o en huir de la maldad, sino en vencerla.


Recuerda que detrás de todo acto de violencia hay maldad, dentro de toda persona violenta hay un corazón malo que necesita ser reemplazado. Lo que necesita es Gracia sobre Gracia sobre su corazón



¿Cómo vencer la maldad con el bien?


Involúcrate en tu ciudad.


Involúcrate en la sanidad mental, física, emocional de quienes sufren violencia. Observa en quién Dios está obrando y únete a su obra: habla, ama a las personas que sufren. No huyas de los violentados.


Proclama el evangelio con paciencia y gracia a tu ciudad violenta.


Noé predicó la justicia de Dios a un mundo lleno de violencia. Jonás predicó el arrepentimiento a una ciudad violenta. Jesús trajo la gracia y la verdad a un mundo lleno de maldad; predicó a pecadores, y acusado de comer con ellos, le costó su vida. ¿Qué debe hacer la iglesia? Hacer discípulos. Esa una relación que requiere tiempo. Reúnete con las personas en donde Dios ya está obrando y habla, enséñales. Predica Gracia sobre gracia en una ciudad violenta.


Permanece en Jesús.


Cuando sufras violencia en tu ciudad, en tu trabajo, dentro de tu familia, recuerda: permanece en Jesús. ¿Cómo? confiesa tus pecados. Dios te ha amado y te ama. No solo te salva, sino que te sostiene. Acércate con confianza, Él te ha perdonado. “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”


Procura una vida justa que adorne tu proclamación del evangelio. Una sociedad violenta no solo necesita oír el evangelio, sino verlo en tus acciones. El evangelio no solo se oye, se observa. Los violentos necesitan ver la efectividad del evangelio. Perdona al que te ofende, aunque no vuelvas a confiar, perdona, y procura la paz. 1Ts 5:22 absteneos de toda forma de mal.






Gracia Sobre Gracia | Pastor Javier Domínguez
Escrito por:

Pastor Javier Domínguez

Pastor General
Iglesia Gracia Sobre Gracia