Aconsejar | Enero 19, 2017




Solo/a en mi matrimonio

Pastor Javier Domínguez


¡No es bueno que el hombre esté solo! dijo Dios y de inmediato instituyó el matrimonio, pero lamentablemente muchos experimentan soledad aún dentro de esa unión conyugal. ¿Por qué sucede esto? ¿Qué puede hacer aquel que lo experimenta?

¿Qué es la soledad?

Cuando Dios vio que Adán estaba solo, se dijo a sí mismo “no es bueno que el hombre esté solo, por tanto, le haré una ayuda idónea” (Gn 2:18). Esta respuesta de Dios ante la soledad de Adán, nos define que la soledad es la ausencia de aquella ayuda idónea dada por Dios para cumplir lo ordenado por Él en esta tierra. Por tanto, bíblicamente, la soledad en las relaciones no es la falta de una persona, sino de aquella “idónea” que nos ayuda a lograr el propósito por el cual Dios nos ha creado.


Eclesiastés 4:9-11 Mejor son dos que uno, pues reciben mejor paga por su trabajo. Porque si caen, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del que está solo! Cuando caiga no habrá otro que lo levante. También, si dos duermen juntos se calientan mutuamente, pero ¿cómo se calentará uno solo? En esta porción de Eclesiastés podemos ver tres beneficios de la unión conyugal: unidad de propósito, de apoyo y de seguridad. Cuando una de estas tres unidades falta, se experimenta soledad.


¿Cuándo se experimenta la soledad en el matrimonio?

En primer lugar, cuando no se construye en pareja aquello que Dios ha determinado. Esto se conoce como di-visión, es decir doble visión: la del hombre y la mujer. El egoísmo hace que cada uno busque la complacencia de sus deseos individualmente, y cuando en el matrimonio se vive así, el otro experimentará soledad, pues no sentirá apoyo en aquello que le resulta importante para su vida. La unidad de propósito se pierde cuando este ya no es en conjunto, sino individual, esto es egoísmo. Debemos recordar que la visión de lo que debe construir un matrimonio no viene de una introspección conyugal, sino de Dios por medio de su Palabra. Hay una sola visión que todo matrimonio debe seguir: la de Dios.

En segundo lugar, cuando no se reciben palabras de aliento, sino que todo el tiempo se critica, juzga, y acusa. Parte del apoyo para el ejercicio de la vida son las palabras y soporte al cónyuge, la unidad de apoyo para tiempos difíciles; por eso cuando este apoyo se convierte en crítica, juicios, acusaciones y burla, eso ya no edifica, ni transforma, sino que obstaculiza, transgrede y destruye a la persona y con ello el pacto matrimonial. En este punto, la soledad que algunos experimentan viene por la falta de soporte y consideración mutua. Cuando el respeto y el apoyo falta, la ayuda idónea desaparece y por tanto la soledad aparece.

En tercer lugar, cuando no se sienten contenido uno del otro. “En el mundo tendréis aflicción”, dijo Jesús “pero confiad, pues yo he vencido al mundo”. Parte de las bendiciones otorgadas por la redención es la contención en Jesús, es decir, el experimentar seguridad en un mundo inseguro, paz en un mundo violento, y cuidado en un mundo que solo busca lo suyo. La seguridad viene de la confiabilidad de aquel en quien depositamos dicha confianza, por ello en Jesús estamos más que seguros, pues Él es el creador y Salvador nuestro. En el matrimonio es así, cuando la confiabilidad se pierde, desaparece la seguridad, ya no nos sentimos contenidos por la pareja.


¿Cómo evitarlo o solucionarlo?

Desarrollando y practicando con el cónyuge las siguientes virtudes: compasión, servicio, perdón, comprensión y amor. Pero la verdadera pregunta es ¿cómo desarrollar estas virtudes si por causa del pecado en nosotros no podemos sostenerlo en el tiempo? ¿cómo amar al otro con sus defectos y virtudes? Conociendo a Dios, pues Él es amor. 1Jn 4:7-8 Amados, amémonos unos a otros, porque el amor procede de Dios; todo el que ama, es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama, no conoció a Dios, porque Dios es amor.

El amor que dirige conyugalmente al propósito de Dios, que da apoyo y contención a la pareja no es producto de una moral desarrollada desde la niñez, sino nace de la vida de Dios en nosotros, pues Él es amor. No se trata de esforzarnos por amar, sino por conocer a Dios, y con ello ser amados por Dios y amarle a Él. Únicamente cuando así suceda es que amaremos lo que Dios ama, y aborreceremos lo que Dios aborrece.

Cuando en un matrimonio no hay amor es porque no se conoce a Dios, pues Dios es amor. Por tanto, para que el amor surja es necesario conocer a Dios. ¿Cómo? a través de Jesús, la imagen misma de la sustancia de Dios (Ref. Hebreos 1). Solamente a través de Jesús podemos conocer al Padre, no hay otra manera. Ni las filosofías, ni las religiones, ni la meditación nos llevarán a conocer a Dios, sino por medio de Jesús y su Gloria como Dios redentor.

Con ello no solo aseguramos una vida llena de ese amor que une, sino de ser sustentados por Él. La Biblia afirma que todo lo creado es sostenido, ordenado, lleno de significado solamente por Jesús, Él es el origen, la causa, el medio y la finalidad de todo cuanto existe y por tanto solo Él tiene la prerrogativa de sostener, dar significado y valía con su palabra a dicha creación, y eso incluye el matrimonio, los hijos y los cónyuges.


Como dice Hebreos 1:2-3 “en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo. A éste lo designó heredero de todo, y por medio de él hizo el universo. El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que él es, y el que sostiene todas las cosas con su palabra poderosa”.


Así es y así será siempre: ¡Toda la Gloria sea para El!


Publicado por primera vez el 26 de septiembre de 2014.




Gracia Sobre Gracia | Pastor Javier Domínguez
Escrito por:

Pastor Javier Domínguez

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Iglesia Gracia Sobre Gracia