Aconsejar / Enseñar | Julio 03, 2017




Santos... si verdad permaneceis en la fe

Pastor Javier Domínguez


Ahora Él os ha reconciliado en su cuerpo de carne, mediante su muerte, a fin de presentaros santos, sin mancha e irreprensibles delante de El, si en verdad permanecéis en la fe bien cimentados y constantes, sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído...
Colosenses 1:22-23

Gracia sobre Gracia es la hermosa preeminencia de Cristo Jesús y su ministerio redentor por encima del ministerio de muerte y condenación de la ley (2Cor. 3). Si la ley fue dada para mostrarnos cuan pecadores somos y cuan necesitados estamos de un Salvador, el Logos encarnado vino para ser ese Redentor quién perdona nuestros pecados y nos salva de la condenación eterna: Gracia sobre Gracia.


Cristo Jesús tiene la preeminencia en todo, por tanto, su evangelio tiene la preeminencia para salvación, santificación y preservación de los escogidos de Dios. No hay conocimiento humano, científico, filosófico, místico o religioso que pueda salvar, santificar, madurar o hacer crecer espiritualmente a los hombres. Ningún saber humano puede, tan siquiera, ser comparado con el glorioso evangelio de Jesucristo. Este absoluto es así porque en Cristo Jesús reside corporalmente toda la plenitud de la Deidad, por lo que solo podemos ser hechos completos en El (Col. 2:9-10). Esta realidad se refleja en las palabras de Pablo cuando afirma que por Cristo Jesús ahora los redimidos somos presentados santos, sin mancha e irreprensibles delante de Dios.


Ahora bien, nuestra fe interna debe expresarse en santidad externa. Dicho de otra manera, la ortodoxia (creencia correcta) se exhibe o muestra en la ortopraxis (acción correcta), pues así es como glorificamos a quién nos salvó y mora en nosotros (1 Pedro 1:15, Mt. 5:16). Por esta razón el apóstol Pablo, en Colosenses capítulo uno, menciona que esta santidad o excelencia moral será exhibida públicamente solo si se cumplen dos condiciones: si “en verdad permanecéis en la fe”, es decir si continuamos en la fe que viene por oír el evangelio todo el tiempo; y si estamos “bien cimentados y constantes, sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído”, esto es, inamovibles, invariables de la esperanza que provee el evangelio.


El evangelio posee tal preeminencia en el crecimiento espiritual y madurez cristiana, que ir tras vientos de doctrinas, rudimentos del mundo y sofismas de hombres, es la consecuencia natural de su ausencia en la mente y el corazón de los creyentes. El evangelio no solo es eficaz para salvación, sino para exhortar, consolar, enseñar y dirigirnos hacia una vida santa ante Dios y los hombres. En la Parábola del Sembrador vemos una realidad que se mantiene hasta nuestros días, que muchos comienzan bien, se alegran en el evangelio, pero por no echar raíces en él, es decir, por no permanecer o continuar cimentados en el evangelio, cuando viene la prueba o la tentación se desvían de la verdad, dejando la integridad que ostentaban, viviendo gustosamente en su egoísmo del cual se jactan, llamándole virtud a los vicios carnales.


Lo que quiero enfatizar es que, así como la Palabra Encarnada es preeminente para nuestra redención, de la misma manera la Palabra Escrita es preeminente para nuestro crecimiento en santidad y madurez espiritual como redimidos de Él. Pero que la Palabra sea preeminente implica que el estudio formal de ella debe ser preeminente para nosotros.


Leer artículos como este no debe sustituir nuestra responsabilidad de estudiar formal y exegéticamente las Santas Escrituras. Las publicaciones en las redes sociales y los blogs teológicos, no pueden ser nuestro alimento diario, sino solo la Biblia misma. Lo que nosotros escribimos en estos artículos no es palabra de Dios, simplemente son comentarios de nuestros propios estudios personales, publicados con el fin de ayudar a otros en su comprensión de la Palabra y estimularlos para obras justas. Pero debemos convencernos de que el poder y la fe para llevar a cabo la voluntad de Dios no procede de nuestros artículos, sino de Cristo mismo, y de conocerle por medio de su Palabra. Es Cristo quien tiene la preeminencia, no nosotros. Es su palabra quién tiene la preeminencia, no la nuestra.


Si continuamos en la fe mediante oír la Palabra de Dios todo el tiempo, estudiándola y comprendiéndola, entonces no solo seremos cimentados y enraizados en el evangelio glorioso de Jesús, sino que externamente, por medio de nuestras obras y decisiones, podremos mostrar la santidad, la justificación y el carácter irreprensible que nos fue otorgado por gracia, a precio de la sangre de nuestro Salvador, Jesús el Cristo.




Gracia Sobre Gracia | Pastor Javier Domínguez
Escrito por:

Pastor Javier Domínguez

Pastor General
Iglesia Gracia Sobre Gracia